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Malbec: un rojo argentino Durante muchos años el Malbec fue conocido en nuestras tierras como "la uva francesa", ya que su origen se confundía entre las variedades que importaron los inmigrantes europeos. Aunque no se conoce ciertamente el origen de su nombre, hoy el mundo está comenzando a asociar los vinos argentinos con la expresión de este cepaje rojo de gran personalidad. En su color se destaca el rojo intenso, los matices violáceos, negros y azulados. Para reconocerlo por sus aromas habrá que recordar el olor de las ciruelas muy maduras o de las mermeladas de mora o guinda. Si es un vino maduro, aparecerán las notas de carnes ahumadas, cuero y pasas de uva. En la boca, el vino se expresará en todo su esplendor; si es joven, apenas una agradable aspereza impresionará el paladar; si ya tiene algunos años, será un vino de gran complejidad. Otras pistas para reconocer un Malbec: es un tinto generoso, equilibrado y apasionado a la vez, decididamente nuestro y para el mundo. Es tiempo de descubrirlo y comprobarlo personalmente
El Malbec argentino se cultiva en todos los oasis vitivinícolas argentinos, a lo largo del cordón de la Cordillera de los Andes. En el Noroeste –entre los 1.750 y más allá de los 2.300 metros sobre el nivel del mar-, los paisajes salteños de Cafayate, Yacochuya, Las Viñas y San Carlos vieron surgir una y otra vez esta uva, que allí da Malbec bravíos y corpulentos. Más al sur, Chilecito, en La Rioja, y los privilegiados Valles de Tulum, Ullum, Zonda y El Pedernal, en San Juan, elaboran originales ejemplares de este cepaje. El ecosistema de Mendoza es el paraíso del Malbec. La llamada “Primera Zona” o Zona Alta del Río Mendoza (Maipú, Luján de Cuyo), San Rafael y el Valle de Uco ofrecen algunos de los más reconocidos a nivel nacional e internacional. Finalmente, la Patagonia también existe para nuestra cepa bandera, sobre todo en los apreciables y prometedores terruños del Alto Valle del Río Negro.Suelo y clima ideales Los suelos arcillo-pedregosos, poco profundos sobre un subsuelo de cantos rodados, que le permite un excelente drenaje, son los preferidos por este varietal. El clima soleado, con días cálidos y noches frescas, es el ideal para el Malbec, ya que favorece el buen desarrollo de sus taninos robustos y de su intenso color. Características de la planta Las hojas (ampelografía) del Malbec son bastante características: con un ampollado mediano, bastante profundo, enteras y triboladas; como así también sus racimos: llenos, alados, de tamaño mediano, con bayas redondas o muy levemente ovoides y negras. En cuanto a sus aspectos fenológicos, este cepaje es de brotación y maduración tempranas. En las zonas cercanas a la capital mendocina, donde ha alcanzado mayor desarrollo, brota a fines de setiembre y principios de octubre, y se comienza a cosechar y a recibir en bodega luego del Semillón y el Chenin, a principios de marzo. En Mendoza, la implantación de este cepaje, que tuvo su origen a principio del siglo XX, representa una rica diversidad genética y constituye una amplia colección de formas. Esta variabilidad intravarietal permite una significativa reserva de clones -que difieren en acidez, estructura y contenido fenólico- que en la actualidad comienzan a ser seleccionados y caracterizados. Malbec: un vino único Por la singularidad y cualidades que alcanza en nuestros suelos, el Malbec es la variedad emblemática de nuestro país; referente importante de los vinos argentinos a nivel internacional. Cepaje versátil, con el cual es posible elaborar vinos jóvenes, rosados, espumantes y también ejemplares aptos para prolongadas guardas. En su color se destaca el rojo intenso, los matices violáceos y azulados, especialmente cuando es joven. Para reconocerlo por sus aromas habrá que recordar el olor de las ciruelas muy maduras o de las mermeladas de mora o guinda. En la boca, el vino se expresará en todo su esplendor; si es joven, apenas una agradable aspereza impresionará el paladar; si ya tiene algunos años, será un vino maduro, de gran complejidad. Su romance con la madera le aportará aromas y gustos a chocolate, vainilla, cuero y café. Otras pistas para reconocer un Malbec: es un tinto generoso, equilibrado y apasionado a la vez, decididamente nuestro y para el mundo. Es tiempo de descubrirlo y comprobarlo personalmente.
Tentadoras alianzas Los estilos de Malbec nacional podrían agruparse en tres grandes grupos. A continuación, algunos maridajes o combinaciones gastronómicas para cada versión. - Malbec de carácter joven, con elegante expresión frutal y notas florales típicas (violetas), alegres y vivaces en la boca y con un retrogusto medio. Para este tipo de tinto, que normalmente no tiene paso por el roble, el maridaje se orienta al aperitivo y las tapas (con embutidos y quesos semiduros), platos sencillos (pizzas), carnes grilladas, pastas con ragú y la colección de sabrosos pescados de río, como los del Litoral. - Malbec Rosé. Perfecto para abrir un almuerzo, comida informal o picnic y continuar saboreándolo en recetas con palta, pescados salitrosos (sardina, anchoa), hígado encebollado, aves (pollo, pavita), arroces marineros, paella de Valencia y conejo guisado. - Malbec con maduración discreta en madera (tres o cuatro meses), que da un vino con un cuerpo pleno, aunque sin las complejidades de aquellos que descansaron largamente en barrica. Los risotti con hongos, las versiones de cordero patagónico o pampeano y las carnes salseadas serán una muy buena propuesta para acompañar este vino. - Grandes Malbec, con un tiempo en barrica no inferior a los 10 meses. Las comidas que incluyan piezas de caza y criadero (ciervo, jabalí, liebre, faisán, codorniz) y las carnes silvestres nativas (ñandú, guanaco, llama) se realzan con estos tintos maduros, complejos y estructurados. Sólo sugerencias. El universo de posibilidades es infinito y abierto a los curiosos amantes del vino. El desafío es animarse al placer de nuevas sensaciones.
CABERNET SAUVIGNON... el gran emperadorDefinitivamente francés, el Cabernet Sauvignon es un cepaje muy antiguo al que se le asignan caracteres ampelográficos de Vitis Silvestris (vides primitivas, que crecen espontáneamente), es decir opuestas a las vides cultivadas. Su nombre mismo, -discutido pero fascinante- remitiría a tiempos prehistóricos: “salvaje de las cavernas”. Asimismo, hay teorías que afirman que tiene sinónimos de origen remoto como Vidure y Biturique, ambos testigos de esta antigüedad y de su relación con las vides salvajes. El término Acheria, de origen vasco y con el cual también se conoce al Cabernet, significa zorro. Este nombre haría alusión a su particular aroma animal, a la vez que evidenciaría su primitivismo.
Un tinto indomable Su fama de salvaje no lo privó de un prestigio que ha superado las fronteras de su Burdeos natal. Allí da origen a los conocidos vinos bordeleses de las denominaciones Mèdoc, Graves, Saint-Emilion y Blaye. Asociado con el Merlot y el Malbec conforman un trío memorable, imitado en todas las latitudes. El Cabernet Sauvignon es un cepaje universal, el más difundido en todo el mundo del vino. Por su plasticidad –esa capacidad para adaptarse con calidad a diversos terruños- es que hoy se cultiva en Chile, Estados Unidos, Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Uruguay, Brasil y –por supuesto– también en Argentina. De acuerdo al último censo realizado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (2001), Argentina cuenta con 12.198 hectáreas de Cabernet Sauvignon, es decir que ocupa el tercer lugar en extensión después del Malbec y la Bonarda. Cómo reconocerlo Aunque existe otro que lleva el mismo nombre, el Cabernet Sauvignon se diferencia del Cabernet Franc por sus hojas, sus racimos y también por las características de sus vinos. En su aspecto, el Cabernet Sauvignon presenta un racimo entre pequeño y mediano, suelto y cónico; sus granos son negro-azulados, generalmente pequeños y con una piel espesa y dura. Su pulpa es firme y crujiente. Se caracteriza por ser una de las variedades de brotación y maduración tardía, por lo que se adapta mejor a climas templados. Es un cepaje bastante vigoroso, de producción regular y constante.
En la variedad está el gusto En los últimos años, los consumidores han mostrado su preferencia por los tintos de gran concentración. Por eso, además de las prácticas que se realizan en el viñedo para lograr una fruta de óptima calidad, en la bodega se enfatiza esa concentración mediante la “sangría”. Esta técnica consiste en la separación de parte del jugo, apenas macerado, para disminuir la relación entre líquido (mosto) y sólidos (piel y semillas). De este modo, el mosto gana más taninos, más color y concentra todas las cualidades en un vino más robusto. El jugo “eliminado” suele destinarse a los vinos rosados. Así, en las góndolas podemos encontrar excelentes ejemplares de Cabernet Sauvignon Rosé que expresan toda la tipicidad del varietal, en una versión mucho más sutil y delicada. Roja provocación Indomable y apasionado, este vino es salvaje desde su color rojo profundo y provocador. En su juventud regala matices violetas y rubíes; con los años esos destellos se parecen más al bordó. Sus primeros aromas recuerdan al pimiento verde y se enriquecen con las notas de pimienta negra, frutas rojas maduras o en mermelada. Estudiosos de Montpellier (Francia) confirmaron que el principal compuesto que da el aroma y sabor típico del Cabernet es la pirazina, una sustancia que se encuentra en muchas plantas, como el pimiento. De todas maneras, decir que el Cabernet sólo huele a pimiento es simplificarlo demasiado ya que basta indagarlo un poco más para descubrir atributos, sobre todo si ha pasado por la nobleza del roble. Notas de humo, cedro y deliciosas trufas, tabaco o chocolate se suman al complejo universo aromático de este tinto indómito y encantador. En la boca es donde mejor expresa su naturaleza primitiva: taninos densos, de gran personalidad y presencia. El Cabernet Sauvignon es un vino robusto, persistente, de estructura elegante y con gran aptitud para trascender con la guarda. De hecho, su reinado entre los tintos de alta gama debe gran parte de este prestigio a su capacidad para integrar los taninos del roble y lograr así vinos calificados entre los más longevos.
Místico y legendario… el SYRAHHistorias y leyendas Místico Sirah. Vino de tiempos remotos y orígenes inciertos. Tal vez proveniente de la ciudad persa de Schiraz, en el actual Irán, o de Siracusa (Sicilia). Historias y relatos derivados de la similitud de los nombres –Sirac, Syra, Sirah y Syrac- y de la antigüedad de este cepaje. El sello de la tradición lo encuentra en Francia, en la zona norte del valle del Ródano y la versión del Nuevo Mundo en tierras australianas, donde ha se ha erigido como variedad emblemática. En ambos sitios, se traduce en vinos con aromas a violetas y casis, y ligeros toques de ahumados. Tintos opulentos y vigorosos, con gran cantidad de taninos y materias colorantes que le permiten envejecer muy bien. A Francia, según una de las teorías que narran su historia, llegó de la mano de los colonos griegos. Otra versión afirma que esta variedad ya estaba implantada en el Ródano en tiempos de la ocupación romana; mientras una tercera ubica el acontecimiento en el siglo XIII, y cuenta que fue un ermitaño el responsable de haberla llevado a ese valle francés. Allí, es el varietal predominante de los vinos de Cote Rotie, Condrieu, y más al sur (en un ambiente más templado) forma parte, conjuntamente con otras 12 variedades, del famosísimo “Chateau-neuf du Pape”.
Cosmopolita Debido a la calidad que alcanzan sus uvas, este cepaje se ha extendido a todo el mundo vitivinícola, alcanzando una superficie cultivada de 287.000 ha. Además de Francia y Australia, es posible encontrarlo en California, Nueva Zelanda, Italia, España, Grecia, Sudáfrica, Brasil, México y Argentina. Aquí, se cultivan alrededor de 7.915 ha (ubicado después del Malbec, la Bonarda y Cabernet Sauvignon), sobre todo en las provincias de La Rioja, San Juan y Mendoza. En esta última existen unas 5.000 ha de Syrah implantadas en su mayoría, en el oasis Este (integrado por los departamentos Rivadavia, Junín, San Martín, Santa Rosa y La Paz), donde alcanza su mejor expresión. La ecología preferida Aunque se adapta en forma óptima a diferentes suelos y climas, las condiciones agroecológicas de los climas cálidos, que garantizan una buena insolación de las uvas y un adecuado reposo vegetativo, son las ideales para el desarrollo del Syrah. Syrah por dentro y por fuera Su ficha ampelográfica nos habla de una cepa erguida, con hojas de tamaño grande, forma pentágona, senos laterales pronunciados, color verde claro. Sus racimos son de tamaño considerable, compacidad media y forma cónica corta; y sus granos son grandes, de forma esférica y ovalada y de color negro violeta. El Syrah tiene una brotación media y una maduración que se completa unos 10 días después del Malbec.
Sabio y original Este varietal produce vinos de muy buena calidad, nobles para la crianza y con capacidad para envejecer muy bien. En nuestras tierras no tiene el gusto herbáceo –casi salvaje- de las uvas tintas de Burdeos. Sus rasgos nos recuerdan más bien a las especias (especialmente al clavo de olor), a los higos y frutos secos en general, a la menta, al coco y a los ahumados; y si ha pasado por madera, aparecerán las notas de cuero y vainilla. En la boca se harán evidentes las características de un tinto vigoroso, con cuerpo y abundantes taninos. Su color se expande desde el rojo granate al púrpura oscuro. Buenas compañías El Syrah es un vino que va muy bien con una amplia variedad de cocinas del mundo: desde los explosivos sabores orientales acaramelados y picantes, hasta los platillos suaves de la gastronomía mediterránea. Algunos expertos en maridajes recomiendan el Syrah para carnes frías, carnes rojas salseadas con vino, hígado, quesos de pasta dura, pato y pavo en sus versiones orientales. La uva fresca es una excelente compañía para las recetas condimentadas de la cocina mexicana.
MERLOT… Con alas de pájaroMerle en su lengua de origen, Mirlo en la nuestra, el nombre de esta variedad seguramente alude al gusto de este pájaro por los granos de esta cepa tinta o a la belleza del azul profundo de su plumaje, que recuerda al color de las uvas Merlot. En Francia este cepaje se denomina Merlot Noir, ya que también existe además el Merlot Blanc (su par entre las uvas blancas), aunque muchos estudiosos afirman que no pertenecen a la misma familia. En sus orígenes se lo llamó Biturica y hacia el 1800, la variedad se extendió con el nombre Noble Bordeaux. Actualmente, en este país –que es su cuna– también se lo conoce como Bigney, Crabutet, Médoc Noir y Merlau.
La variedad en el mundo El Merlot es la principal variedad en los vinos de corte de las famosas denominaciones francesas de Saint Émilion y Pomerol, y junto al Cabernet Sauvignon, componen algunos de los más renombrados vinos de Burdeos. Si bien tradicionalmente ha acompañado a esta variedad y al Cabernet Franc tornándolos más amables, es el mayor protagonista de los caros vinos de Château Petrus. En Italia –el país con la mayor superficie de viñedos del mundo–, es muy importante su presencia. Se destaca en la región Noreste del Friuli, Venecia, Giulia y Veneto, donde se obtienen grandes vinos. Europa del Este cuenta con una superficie considerable de viñedos de esta variedad, principalmente en Bulgaria, Hungría y Rumania. Sin embargo, fuera de Francia es en California (EEUU) y en Chile donde el Merlot incrementa su superficie en forma sostenida y expresa cualidades sobresalientes. En Chile, durante muchas décadas esta variedad estuvo confundida con el Carmenère. Hace unos años –al principio de la década del ‘90– los ampelógrafos pudieron distinguirlas y hoy el Carmenère se está posicionando como la variedad emblemática del país. Merlot argentino En Argentina existen 5.515 ha. de Merlot. Es la quinta variedad tinta (de vinificar) más importante del país, luego del Malbec, la Bonarda, el Cabernet Sauvignon y el Syrah. Vale destacar que en los últimos 15 años, la implantación de este cepaje ha crecido significativamente. Si bien su mayor extensión está en Mendoza (4.568 ha.), existe una proporción considerable en la provincia de Río Negro (301 ha.). El Merlot logra grandes expresiones en las zonas frías, hecho que puede comprobarse en los vinos del Valle de Uco y Alto Agrelo (Mendoza) y en el Alto Valle de Río Negro. Como es una variedad de ciclo medio, es decir que madura tempranamente respecto de otras tintas, se desarrolla óptimamente en estas regiones. No obstante, en las zonas más cálidas se obtienen Merlot aptos para beber jóvenes ya que evolucionan rápidamente. Anatomía del cepaje El racimo es mediano, con forma cónica y alado (es decir, con pequeños racimos que se ubican junto a uno principal, de mayor tamaño), de granos azulados, pequeños, esferoides y de pulpa blanda. Para identificarlo en el viñedo, hay que prestar atención a sus hojas, que son plegadas y contorsionadas, medianas, de color verde oscuro y moderadamente pentalobadas (esto significa que la hoja tiene cinco lóbulos, está dividida en cinco porciones). Brota al mismo tiempo que el Malbec y antes que el Cabernet Sauvignon. Se cosecha junto al primero o algo después, y bastante más temprano que el último. Tiene buena resistencia a las enfermedades y es más tolerante a las condiciones del suelo que el Cabernet Sauvignon. Temperamental y elegante Los vinos Merlot tienen cierto parecido con el Cabernet Sauvignon pero no son tan aptos para la guarda por su marcada tendencia a la oxidación. También expresa un carácter salvaje pero de manera más elegante y sutil. Menos tánico, más amable y carnoso, de madurez más temprana y baja acidez, el Merlot es un vino que puede beberse joven. Su contenido alcohólico suele ser elevado ya que el nivel de azúcar en sus uvas es muy alto. Se caracteriza por el color rubí intenso con matices bordó. Sus aromas típicos son los frutos negros y rojos, como las moras, las frutillas, las cerezas muy maduras. En la degustación también suelen aparecer aromas que recuerdan al higo, el tabaco, el cuero y las violetas. También pueden aparecer notas mentoladas, resinosas y recuerdos de cáscara de naranjas. “Merlotear” Raramente los franceses nombran a un vino por el cepaje; en la tradición europea priman las denominaciones de origen como Burdeos, Borgoña, Champagne, Rioja, Jerez de la Frontera y otras. Sin embargo, convirtieron en verbo a la variedad protagonista de sus vinos bordaleses. Los franceses dicen cuando van a salir de copas, que van a “merlotear”. Esto demuestra que el Merlot tiene las alas para emprender vuelo propio.
Chardonnay: la dama del mundo Renombrada en el mundo entero, la variedad Chardonnay es dueña de un estilo capaz de brindar desde un vino fresco y joven hasta un complejo vino de guarda. De origen francés, se cultiva en regiones como Borgoña y Champagne. Es el cepaje clave de los afamados Chablis. Además, integra los más relevantes champagnes de Francia, junto con el Pinot Noir. En su país de procedencia se opina que sabe y huele a manteca fresca, avellanas, almendras y pan tostado. En latitudes como las nuestras se destacan sus aromas de manzana verde y pera, y con cierto punto de madurez ofrece recuerdos de frutas tropicales como ananá, durazno y banana. Es uno de los cepajes más aptos para la fermentación en barricas de roble o "sobre borras", proceso en el que obtiene mayor untuosidad, aromas que recuerdan a la manteca, la crema y la banana madura. Su paso por el roble lo hace más elegante y le aporta toques de vainilla, caramelo y tostados. A principios de la década del ‘90, California impuso un particular estilo en la elaboración de vinos Chardonnay, en los que predominaban las intensas notas de madera. Luego, los consumidores comenzaron a exigir vinos con una madera más sutil. Por su plasticidad se adapta a diferentes zonas y climas. Será tal vez por este motivo que el Chardonnay es el cepaje blanco más cultivado del mundo (Francia, España, Italia, Sudáfrica, Estados Unidos, Australia, Chile, y demás países vitivinícolas). En Argentina existen 4.624 hectáreas, que lo ubican en el cuarto lugar de importancia entre las variedades blancas. En Mendoza, se han implantado 3.793 hectáreas CHARDONNAY... la cepa cosmopolitaOriunda de la región de Borgoña (Francia), esta uva blanca también se cultiva en la Champagne, donde integra el famoso espumante francés, junto al Pinot Noir y el Pinot Meunier. Además, otros grandes vinos de Francia reciben el aporte del Chardonnay. Tal vez el más conocido sea el Chablis, uno de los vinos más imitados del mundo. El Chardonnay es una cepa que se ha extendido no sólo a las regiones más tradicionales sino también a los nuevos países vitivinícolas. Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda, California, Chile y Argentina lo elaboran con las particularidades propias que aporta cada terruño.
Plasticidad y estiloEs una planta vigorosa, que se adapta a diversos tipos de suelo y clima, aunque prefiere los poco húmedos. Dado que su brotación es precoz es susceptible a las heladas tardías. Se adecua a los distintos sistemas de conducción. Las características diferenciales de esta cepa, de acuerdo a la Ampelografía del Ingeniero Alberto Alcalde (INTA), son sus hojas prácticamente enteras, los racimos pequeños casi compactos, de granos redondos o achatados. Noble e internacional El Chardonnay da origen a vinos equilibrados, refinados y muy aromáticos. En el aspecto visual su color puede variar entre un amarillo paja muy pálido hasta un amarillo dorado, especialmente si tiene crianza. Sus aromas más típicos recuerdan a pera, ananá y manzana verde, también pueden aparecer notas de banana madura, melón y durazno. Cuando la uva está algo sobremadura sus notas características son las nueces y almendras. Hay autores que consideran que el Chardonnay ofrece rasgos diferenciales si proviene de zonas frías o cálidas. De los lugares frescos se obtendrán Chardonnay con aromas de manzana, citrus, ananá y toques herbáceos; mientras que en las zonas cálidas recordarán más a flores tropicales, frutas de carozo, ananá en almíbar y banana. En cuanto a la fermentación maloláctica, se sabe que le aporta aromas y gustos mantecosos y lácticos. Asimismo, el Chardonnay es una de las variedades que más se adapta a la crianza en barricas de roble. En la Borgoña, cuna del Chardonnay, es tradición dejar el vino en contacto con las borras (efecto sur-lies) luego de la fermentación alcohólica y maloláctica. El tiempo de contacto puede extenderse desde semanas hasta meses y durante este período se procede a remover las borras frecuentemente. Este procedimiento se conoce como battônage. Se considera que, gracias a este contacto, el vino adquiere una textura más cremosa. De la crianza en madera surgen los aromas de vainilla, anís, coco y tostado. En la boca, el Chardonnay es un vino untuoso, de gran volumen, aunque no por eso menos fresco. Produce sensaciones de dulzor en la punta de la lengua, sin perder el atributo de una justa proporción entre acidez y cuerpo. El Chardonnay idealSu notable extensión en el mundo obliga a los hacedores a encontrar la mejor expresión de este cepaje. Vendimiado precozmente es excelente base para espumantes y con su justa maduración da vinos destacados y originales. Se considera que es precisa una maceración prolongada para que exprese sus aromas y sabores esenciales. En Argentina, existen 4.625 hectáreas cultivadas con este cepaje (es el cuarto en superficie, en el país) y los expertos aseguran que tiene aptitudes de gran calidad.
* Se autoriza su reproducción total o parcial citando la fuente Fondo Vitivinícola Mendoza
Torrontés: un criollo con estirpe Como país vitivinícola, Argentina busca diferenciarse y para esto el Torrontés es una de las principales cartas de presentación. El Torrontés es una uva blanca que forma parte del grupo de los cepajes "criollos". Existen diferentes tipos: el Riojano, el Mendocino y el Sanjuanino, aunque es el primero el que expresa mejores cualidades para la elaboración de vinos finos. En cambio, los otros poseen aptitudes para el consumo en fresco. Durante muchos años su origen fue desconocido, pero recientes estudios señalan que provendría del cruzamiento entre Moscatel de Alejandría y Criolla Chica. En Argentina hay unas 8.000 hectáreas de este cepaje, concentradas principalmente en San Juan, Mendoza y La Rioja, aunque Salta produce también excelentes ejemplares de esta variedad. En un recorrido por los sentidos, este vino atrae por su color amarillo tenue con destellos verdosos. Ha ganado fama por su carácter aromático que recuerda a ruda, rosas y eucalipto, un paladar silvestre, sutiles notas de ligero amargo (similares al pomelo) y buena acidez. Cuando disfrute un Torrontés, preste atención porque seguramente aparecerán recuerdos de cáscara de naranja, olores de ananá, durazno y un toque de miel. Algunos Torrontés pueden regalar aromas de manzanilla. En la boca, se destaca su parentesco con los moscateles y el durazno blanco. Su frescura, vivacidad y exuberancia aromática lo convierten en un vino ideal como aperitivo. En las góndolas pueden encontrarse espumantes elaborados con esta variedad con burbujas seductoras y exuberantes; y vinos del tipo "cosecha tardía", elaborados con las uvas sobremaduras, ideales para inventar novedosas combinaciones. TORRONTÉS RIOJANO... estirpe criollaEl origen del Torrontés Riojano es desconocido pues no se lo ha podido identificar con ninguna variedad europea que explique sus antecedentes en el Viejo Mundo. Diríamos, entonces, que es un cepaje típico de Argentina. En San Juan se lo conoce también como Malvasía y en Mendoza, durante años, se lo llamó erróneamente Moscato d’Asti. En sus aromas, tiene un parentesco con las uvas moscateles, aunque no es dato suficiente para establecer la descendencia de esta variedad. Estudiosos del tema aseguran que, en Argentina, las primeras estacas de Torrontés las habría implantado el capitán Diego Garzón, al pie del cordón de cerros Famatina (La Rioja), allá por 1611. Será por aquel pasado, que hoy esta uva es bien conocida como Torrontés Riojano. Su extensión en Argentina alcanza las 8.180 hectáreas. La zona por excelencia de este cepaje son los valles riojanos, terruño en el que expresa características sobresalientes. También en los Valles Calchaquíes (Salta y Catamarca) exhibe una personalidad destacada. Son, tal vez, los Torrontés de Cafayate los más conocidos del mundo Un mismo nombreEn el país se conocen tres cepas con el nombre Torrontés. El mendocino es más conocido como Chichera o Palet y su principal zona de difusión fue justamente Mendoza. Se conduce principalmente a través de parral y su uso más frecuente es el consumo en fresco. El Torrontés Sanjuanino, por su parte, suele vinificarse mezclado con otros cepajes blancos. Se estima, que coincidiría con el Moscatel de Austria, muy cultivado en el Valle del Elqui, en Chile. Allí se utiliza como principal variedad para la elaboración de Pisco. En Mendoza, este Torrontés, se ha difundido como Moscatel romano. Estilo emblemáticoDesde la viña es bastante simple reconocer un Torrontés. Basta con inspirar profundamente y sus aromas particulares nos darán la señal. Desde lo ampelográfico se distingue por un follaje típico, con hojas grandes, contorsionadas y gruesas. También los racimos son grandes, con granos esféricos, de color amarillo dorado y notablemente perfumados. Por su parte, el vino también tiene señas de identidad que lo caracterizan. Su color más habitual es el amarillo pálido con leves destellos verdosos. En la nariz exhibe su carta fundamental. De gran caudal aromático, el Torrontés es un vino floral, herbáceo, con recuerdos a rosas y notas de té. Algunos se distinguen por el toque de ruda o la nuez moscada. También pueden aparecer cítricos y miel, sin restarle presencia al aroma típico de uva moscatel, que permanece aún en la botella.
En la boca, algunos lo definen como un vino rústico. Tiene carácter y presenta un dejo amargo al final, sin perder su naturaleza fresca y ligera. No es un vino persistente ni de gran cuerpo, pero sí es original y con un marcado temperamento que invita a amarlo u odiarlo, pero nunca a ser indiferente. Muchas bodegas argentinas lo utilizan como base de espumante o para vinos de aguja, aquellos que contienen una sutil dosis de gas carbónico que le suma vivacidad y frescura. Otras aprovechan sus uvas cuando están sobremaduras para elaborar vinos de cosecha tardía, dulces, con algunos gramos de azúcar residual, ideales para acompañar postres o para aperitivos. Por estas virtudes, y muchas otras que invitamos a cada aficionado a descubrir, el Torrontés argentino ha sido merecedor de reconocimientos y es considerado una de las variedades emblemáticas de la vitivinicultura vernácula. Desde finales de la década del ’80, los vinos nacidos de Torrontés, han recibido medallas y honores en todo el mundo, premios que confirman su estirpe de “fiera luminosa que siempre depara sorpresas cuando sale de su jaula de vidrio”.
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